15 septiembre, 2008

CONCIENCIA

Su vida había transcurrido encerrada dentro de una burbuja. Transparente, cálida, cómoda, aparentemente bien oxigenada y algo delicada.
Desde su interior, podía verlo y oírlo todo a la perfección, aunque a veces, apreciara una pequeña distorsión.
Pero también había momentos en los que todo quedaba a oscuras y en silencio, detenido el tiempo.
Y una vez que le volvían a brindar el sol, se sentía cegada por su luz, pero se esforzaba por abrir los ojos y empezar de nuevo. Confundida, dependiente, vulnerable,... todo giraba a su alrededor, todo cambiaba de color, personas que se fueron sin poder decirles adiós. Verdades que luego resultaron ser mentiras, mentiras que se transformaban de repente, en verdades. Es como si el mundo girase al revés.
O ella retrocediera en vez de avanzar con él.

Pero llegó el momento en el que su burbuja, de tanto moverla de acá para allá para protegerla, explotó. Y fue en ese preciso instante cuando descubrió la verdadera realidad, el entorno, la libertad. Estaba convencida de que, había nacido para volar. Pero se sentía extraña, de alguna manera añoraba esa burbuja en la que permaneció durante años en lo imposible, en lo irreal.
Se sentía incapaz de aceptar su pasado, las restricciones, mandatos, obligaciones, aún estando provistos de involuntariedad.
Incapaz de darse permiso, para poder progresar. Comprometida con su vida.
Se sentía minúscula detrás de ese muro de piedra que la quería cobijar.

De alguna manera, quiso reaccionar. Entre sumisión y rebeldía, luchaba por hacerse escuchar. No reclamaba más. Tan solo que la dejaran opinar.
Independencia y libertad. No era mucho pedir para una chica de su edad. Con miles de cosas en la cabeza, loca por hacer sus sueños realidad. Pero, no obstante, seguía acatando sin rechistar. Se mordía la lengua para no discrepar. Hubo momentos en los que explotaba y no podía parar, sin embargo, todo volvía enseguida a quedarse tal cual, tras toparse de nuevo con ese robusto muro de piedra, pilares de arena y sal que no la dejaba ver más allá. Y si encontraba algún pequeño hueco por el que escapar, había rocas desprendidas delante de él, las cuales intentaba sortear. En un momento tenía la llave para salir y acto seguido las paredes se cerraban ante ella.
Pasó el tiempo y todo seguía igual, entre mimos y temores, esa joven mujer seguía escoltada en su largo caminar. Acompañada de su niña pequeña, de su adolescente y mil cosas más.

Noches de sol, días sin luna, tormentas en su cabeza, meses de temporal y charcos en su alma en los que se reflejaban infinidad de gotas de lluvia salada que caían sin cesar.
Sin esperarlo, un viento loco y salvaje comenzó a derrumbar el muro para dejarla en libertad y, por un pequeño hueco se hizo paso descubriéndose a sí misma en una laguna mostrándose tal cual.
Sorbo de aire fresco para respirar.
Un mundo en movimiento que vuelve como un boomerang.
Mirándose las palmas creyendo que las líneas de sus manos se habían rectificado así, sin más.
Frotándose los ojos creyendo que el oasis en su desierto desaparecería en cualquier momento.


Poco a poco se fue armando de valor, denotaba decisión, aunque todavía tropezaba con algún que otro fragmento de roca que, cada vez se iba debilitando un poco más.
Pero por lo menos ya había conseguido avanzar. Algo le indicaba que dejara de pisar el freno y que arriesgara. Aunque la apuesta fuera cara, por lo menos tendría probabilidades de ganar...

9 comentarios:

Esther dijo...

Antes o después hay que salir de esa burbuja que nos proteja de las cosas malas, de las responsabilidades...Está bien que se tenga en la niñez,pues somos más frágiles pero la tienen que ir quitando poco a poco para ir conociendo el mundo cruel y real que hay ahí afuera y que el impacto no sea tan grande.

menos mal que salió de la burbuja y se enfrentó al mundo y podía con el..

Un beso

Cristina dijo...

A veces necesitas un toque de atención para recordarte que has mantenido silencio por mucho tiempo. Tú, con tu comentario en mi blog, acabas de recordarme que estabas ahí y que hace tiempo que no te hablaba, pero también con tu bello post al que ahora vengo y me recuerda a ti, también a mí misma, la "yo" que era hace unos meses, también la "yo" que sigo siendo porque, créeme, de las burbujas es difícil desprenderse en dos días.

Aún así, te animo a que sigas en el camino, aunque la vida fuera de la burbuja está llena de riesgos ajenos a la protección de sus paredes, también depara muchas alegrías, mucho descubrimiento, muchas bonitas sorpresas, la sorpresa de verte siendo tú misma al desnudo.

Un beso.

loose dijo...

Cuesta mucho sufrimiento, dolor y miedo salir de esa burbuja, son muchos años dentro, y una vez que se consigue salir de ella, hay que enfrentarse al dolor de las heridas que quedaron abiertas.

Pero todo pasa, todo llega...

Gracias Esther.
Cristina, es un placer leerte.

Besos.

ALAS DE MI LIBERTAD dijo...

solo me detengo un momento a darte las gracias por tu visita a mi rinconcito,prometo volver a leer en el tuyo,te dejo un monton de besos

Gaviota dijo...

El tiempo es el mejor para salir de ese abismo en donde muchas veces entramos.

María dijo...

Encerrarse en una burbuja es como estar viviendo apartado del mundo, pero yo creo que todos lo hemos hecho alguna vez cuando hemos sentido necesidad de estar apartados de todo el mundo por algún problema y nos hemos sentido mejor estando en algún momento sólos con nuestra misma compañía para reflexionar ante dichos problemas.

Pero ello se puede hacer por unos minutos, para ayudarnos a encontrar cada uno mismo, pero debemos enfrentarnos a los problemas aunque nos duela y pensemos que no vamos saber hacerlo, así es la mejor y única manera de poder vencer esos problemas.

Un placer haberte leído, te dejo un beso muy grande.

Interludio dijo...

El peligroso afán de protección (involuntario y impulsado por el amor y cariño) y el no haber desarrollado la independencia plena cuando ha habido ocasión (enfrentándose a los miedos, eligiendo libremente, mirando con tus ojos ...) Hace que se cree esa burbuja en la que no se esta tan mal hasta que decides volar y te lo impide.
Esto me recuerda un cuento que e leido pero no recuerdo (la memoria no es mi mejor virtudm alomejor es de algun post de algun amigo, lo buscare) sobre un halcón herido que un granjero dicide recogerlo y lo cria entre sus gallinas, el final es que se comporta como las gallinas y es feliz como una gallina y de no ser por álguien de protección de animales nunca hubiese volado, ¡¡si11 era feliz pero como gallina pero nada comparable a la libertad del halcón.
Pronto seras ese halcón y el granjero sera feliz por verte volar.
!)

Alatriste dijo...

¡Cuánta verdad esconden tus palabras!
A veces vivimos en una burbuja y el caso es que allí nos sentimos cómodos, protegidos, arropados y no vemos la necesidad de escapar de ese refugio.
Pero tarde o temprano hay que enfrentarse al mundo y éste, no es ninguna burbuja salvadora, más bien una inhóspita jungla.
Besos.

Interludio dijo...

Os dejo en mi blog el cuento al que me refería en mi último comentario en este post.

Moraleja:

"Aprender a conocer lo que podemos cambiar. Ser pollo o ser águila es una cuestión de elección"