Ya de vuelta a casa, se propuso estudiar toda la tarde después de tan ajetreada mañana de trabajo. Comió algo, se deshizo de su uniforme vistiendo algo más cómodo, se recogió el pelo y aprovechando que el frío llamaba a su puerta, corrió hacia el cajón donde guardaba sus calcetines preferidos. Unos calcetines de lana gruesa, de esos “typical english” con dibujos de colores y provistos de suelas antideslizantes, esperando por ella durante todo el verano para volver a arroparle sus gélidos pies.
Una vez preparada para el “combate”, se dispuso a concentrarse en aquello en lo que había encontrado su verdadera vocación, gracias a un hechicero de almas que en un cruce de caminos en una etapa de su vida la guió amablemente hasta el otro lado.
Tomó asiento en aquel pupitre improvisado ordenando sus herramientas de trabajo, encendiendo un flexo que durante mucho tiempo había estado guardado, centrando su luz en todo lo que había preparado. Abrió uno de los libros para continuar con la lectura que había dejado días atrás, captando cada palabra, cada frase sin perder hasta el más mínimo detalle, recopilando datos, relacionando cosas, recordando conversaciones, ejemplos, experiencias, reflexiones... Soplos llenos de magia que, con cada párrafo que leía, una ligera brisa de percepciones, de sensaciones se abría ante ella haciéndole recordar los años que habían desfilado, uno tras otro, hasta llegar a ese día.
Fue en ese preciso instante cuando el tiempo se detuvo ante sus ojos, el tic tac de las manillas de un reloj resonando aún en sus oídos, suave melodía y el eco de una voz lejana recordándole que explorara en su pasado. Qué extraño, se preguntaba, para qué quería hurgar de nuevo en ese lugar casi arrinconado. Es que... ¿acaso había dejado algo olvidado?
Comenzó a adentrarse en los recovecos de su mente dejándose atrapar por el murmullo del silencio que la rodeaba...Cogió el lápiz y comenzó a escribir frases en una hoja.
Una sucesión de pensamientos que iban cobrando forma...
Un alud de emociones recorriendo sus mejillas que se derretía salado... Una tímida sonrisa perfilando sus labios.
Una sucesión de momentos felices que habían cobrado sentido sin tener que pedir permiso en aquella tarde de sábado...
Una vez preparada para el “combate”, se dispuso a concentrarse en aquello en lo que había encontrado su verdadera vocación, gracias a un hechicero de almas que en un cruce de caminos en una etapa de su vida la guió amablemente hasta el otro lado.
Tomó asiento en aquel pupitre improvisado ordenando sus herramientas de trabajo, encendiendo un flexo que durante mucho tiempo había estado guardado, centrando su luz en todo lo que había preparado. Abrió uno de los libros para continuar con la lectura que había dejado días atrás, captando cada palabra, cada frase sin perder hasta el más mínimo detalle, recopilando datos, relacionando cosas, recordando conversaciones, ejemplos, experiencias, reflexiones... Soplos llenos de magia que, con cada párrafo que leía, una ligera brisa de percepciones, de sensaciones se abría ante ella haciéndole recordar los años que habían desfilado, uno tras otro, hasta llegar a ese día.
Fue en ese preciso instante cuando el tiempo se detuvo ante sus ojos, el tic tac de las manillas de un reloj resonando aún en sus oídos, suave melodía y el eco de una voz lejana recordándole que explorara en su pasado. Qué extraño, se preguntaba, para qué quería hurgar de nuevo en ese lugar casi arrinconado. Es que... ¿acaso había dejado algo olvidado?
Comenzó a adentrarse en los recovecos de su mente dejándose atrapar por el murmullo del silencio que la rodeaba...Cogió el lápiz y comenzó a escribir frases en una hoja.
Una sucesión de pensamientos que iban cobrando forma...
Un alud de emociones recorriendo sus mejillas que se derretía salado... Una tímida sonrisa perfilando sus labios.
Una sucesión de momentos felices que habían cobrado sentido sin tener que pedir permiso en aquella tarde de sábado...